LA ALEGRÍA SIN OBJETO
Jean Klein

CONFUSION DEL SUJETO CON EL OBJETO
Se puede coger o rechazar a los objetos: ¿qué diferencia existe entre estos dos procesos?
Los procedimientos son idénticos: rechazar o coger, es lo mismo; estas dos formas de actuar conducen a un nuevo conflicto. Existe un estado sin deseo, cuando ya no se intenta compensar, hay «satisfacción» y es un estado sin deseo.
No se trata en este caso de rechazar el objeto, sino de constatar que no contiene lo que usted busca. Si cree haber colocado en un sitio determinado algo que necesita, lo busca y se da cuenta de que no está allí. Vuelve a buscar de nuevo, tal vez dos o tres veces. Llega un momento en que ha buscado por todas partes y no ha encontrado nada. ¿Qué ocurre? El sitio es el que le deja como conteniente de lo que quiere encontrar, usted no deja el sitio. Del mismo modo, el objeto le deja.
Es un proceso totalmente orgánico. Si esta eliminación se ha cumplido totalmente, después de quitarlo todo, cuando no se ha omitido nada, sin ningún residuo, hemos vuelto a nosotros mismos, a lo que somos esencialmente; es un estado de soledad, de silencio en el cual despertamos. Este silencio, esta atención pura es —si puedo expresarme así— una atención a la atención, está exenta de cualquier concepto de duración, de volumen, de tiempo y espacio y, de hecho, este centro de la conciencia, este núcleo, este eje de gravedad de nuestro ser, alrededor del cual la personalidad se ha ido amarrando, contiene nuestra verdadera naturaleza que está más allá de cualquier condicionamiento. Es la única vía por la cual se la puede alcanzar.
Sólo de esta manera tenemos una oportunidad de regularizar nuestra naturaleza corporal, psíquica, mental. Si emprendemos otras tentativas de descondicionamiento por un acercamiento psicológico, nos quedamos en lucha con el problema por resolver. Sólo se ha producido un desplazamiento de las energías que estaban localizadas y fijadas en un punto dado; las transportamos a otro sitio pero esto no nos libera. Sólo el último regulador, la conciencia, la no-personalidad es capaz de liberar nuestra naturaleza biológica, afectiva, mental.
¿Debemos desinteresarnos de los conflictos sociales?
Estos conflictos resultan de nuestra visión imperfecta de las cosas. A partir de un desequilibrio sólo podemos provocar otros más en el mismo nivel. Los sociólogos y los economistas que creen poder corregir el desorden social actuando sobre la colectividad, se imaginan que la inseguridad que causa estragos es independiente del individuo considerado aisladamente cuando de él es de donde sale directamente. No podemos cambiar nada en nuestra sociedad, nosotros somos los que tenemos que cambiar.
Si dejamos el ego para colocarnos en la pura conciencia, ya no tenemos problemas; pero mientras ocupamos un punto de vista personal, causamos continuamente nuevos problemas; los desplazamos pero permanecen. El mundo en sí no tiene ningún problema, nosotros los creamos. Mientras un hombre considera que su cuerpo es él mismo, está sometido a sus glándulas, a sus secreciones internas, a lo que podría llamar su condicionamiento. Pero si se da cuenta que esto no tiene ninguna realidad, quiero decir ninguna existencia autónoma, que depende de quien lo percibe, constata que en el fondo no es nada más que un objeto. Entonces ocurre algo extraordinario: el hombre deja de ser el cómplice de toda esta herencia; será alineado y equilibrado según el punto de vista impersonal; su acción es desinteresada, conforme a todas las situaciones, a todos los condicionamientos, a todos los problemas; se produce una eclosión en la cual el cuerpo encuentra su propia cordura: la conciencia es el fuego de donde las chispas salen y se dispersan; nos identificamos con ellas por error, pero en este centro la dualidad está abolida.
LA SENSACION CORPORAL
La sensación corporal me parece un medio excelente para hacerle más fácil este acercamiento. Trate usted de descubrir su cuerpo, de dejarle vivir por sí mismo y no gobernado por un yo sometido a la continua alternancia repulsión/atracción, agresión/defensa.
Primero, usted ha de comprender que no podemos perseguir una idea y, al mismo tiempo, dejar vivir una sensación corporal, no podemos aprender varias percepciones o conceptos simultáneamente.
Cuando dirigimos nuestra atención hacia nuestro cuerpo en el cual se alojan todas las agresiones, defensas, reacciones, dejemos que se imponga a nosotros esta sensación sin visualizarla en su forma, dejemos que emerja, que se abra. Podemos hacer constataciones muy variadas, por ejemplo, una falta de uniformidad, pienso en ciertas partes del cuerpo que son pesadas, en otras que son huecas, vacías, calientes o frías, comprimidas; todo esto es un residuo de las reacciones del yo. Se puede ver cuán difícil es captar la simultaneidad de los componentes del cuerpo: sentiremos sea la frente, sea el rostro, sea la espalda, sea la parte trasera de la cabeza, los riñones, las extremidades inferiores o superiores, una tras otra, pero, para obtener una sensación global, no debemos dirigir la atención.
Si experimenta algunas dificultades para lograr esta simultaneidad, deje su cuerpo hablar, tiene todavía en usted mismo una tensión por detectar, una tensión que debe eliminarse por sí misma. Para lograrlo, haga que su cuerpo abandone sus límites hasta que se dilate totalmente en el espacio. Cuando tenga conciencia de su corporalidad, extiéndase para poder disolverse sistemáticamente en su entorno. Notará cómo las distintas capas ceden, se abren.
Algunas partes van a oponer resistencia y lo notará usted. Si dividimos nuestro cuerpo en pensamiento, sentimiento y voluntad, se puede hablar efectivamente de tres pisos: la cabeza que es el elemento pensador, si así podemos hablar (claro está, pensamos con todo nuestro cuerpo, pero el pensamiento se aloja de modo predominante en la cabeza), mientras el sentimiento está en el tronco y la voluntad en las extremidades inferiores y superiores. Estas extremidades que son los elementos acción, voluntad, a las cuales pertenece también la mandíbula, están acostumbradas a coger, asir y por una observación muy aguda podemos darnos cuenta de ello y permitirlas que suelten. Para que todas estas partes vuelvan a encontrar su vida propia como cuerpo tiene usted que amar mucho a su cuerpo.
Cuando usted consigue esta sensación de vacío y se siente perfectamente extendido en la vacuidad que le rodea, esto es todavía un objeto de su atención que se ha «cultivado» es un soltar.
Ocurre que esta vacuidad se elimina también, que la atención dirigida hacia los objetos se traslada hacia la observación y que sólo permanece en una posición atenta. No estamos atentos a algo sino a nuestra atención. Entonces no queda nadie, ya no hay volumen, ni duración. Esta presencia a sí mismo es una vivencia y el «estar en ninguna parte» se le presentará durante el día, en sus diferentes actividades.
Continuara….
LA ALEGRÍA SIN OBJETO
Jean Klein, P-15.



